¡Cuán arraigada en nuestra cultura esta la idea de progreso! Esa palabra maravillosa que adoptamos al abandonar las filas de las explicaciones teocéntricas, y volver la mirada hacia el espejo devolviendonos en el reflejo, al verdadero Creador y Destructor, al fin y al cabo “el hombre es la medida de todas las cosas” dirá Protágoras.

Podemos hacer rodar la noción del progreso desde diferentes laderas. Podemos empezar preguntarnos por su significado y sentido intentando una definición: ¿Qué significa progreso? ¿Qué es progresar? O quizás prefiramos una pregunta de esas que gustan de volver sobre sí misma: ¿Quién progresa cuando se progresa? O quizás  ¿cuándo experimentamos progresión en un ámbito de la vida no nos percatamos de la regresión en otro? No importa qué preguntas hagamos ahora, quizás las más importantes no son las que desarrollen la nota sino más bien aquellas que nos hagamos al final de ella.

No puedo evitar pensar en el mito de Sísifo, personaje mitológico que fue castigado por Hades por utilizar su astucia en contra de los dioses. Su mito se desarrolla en la Odiesea y en la Ilíada, aunque para buscar las razón de su castigo hay que recurrir a otros mitos, Homero guarda silencio al respecto.

Según el mito fue condenado en el hades (el mundo subterráneo) a rodar una piedra por la ladera empinada de una montaña, pero antes de alcanzar la sima, la piedra caía irremediablemente, entonces volvía a empezar. ¿Cuánto tardaba Sísifo en subir la ladera de la montaña? Nadie lo sabe, solo sabemos que sin importar cuanto tardase, tarde o temprano la piedra rodaría otra vez al pie de la ladera, y el tendría que volver a subirla. Una metáfora sublime del trabajo sin sentido, inútil. ¿Por qué condenarlo a rodar inútilmente una piedra solo para que ruede ladera abajo una y otra vez? Recordemos que Sísifo es un astuto comerciante, un utilitarista, alguien que no mueve un dedo sin estar seguro de que su accionar le dará beneficios, tendrá retorno, será útil para sí. No es de extrañar que el castigo consista en una tarea inútil y desprovista de sentido.

Cuando Sísifo sube la ladera experimenta la sensación de progreso, piensa que avanza, siente que está subiendo la sima. Puede darse vuelta y ver como todo queda allá abajo mientras el se eleva por encima del resto. Albert Camus, dice que el personaje «experimenta una breve sensación de libertad» en el instante en el cual la piedra llega a la parte mas elevada, se aquieta por un instante, solo para volver a bajar y empezar otra vez.

Una breve dispersión antes de volver al mito. El progreso, por otra parte, remite a una concepción lineal del tiempo, los estoicos en cambio abogaban por una concepción más bien circular bajo la idea del “eterno retorno”, Nietzsche, el ultimo de los estoicos retoma esta idea del “eterno retorno de lo mismo” en el Zaratustra. Bajo esta idea circular del tiempo el progreso es una ilusión, producto de la brevedad de nuestra vida. 

Una posible idea es que Sísifo representa a todos los hombres y mujeres a lo largo de la historia que debieron rodar la piedra pesada de la existencia cuesta arriba por la ladera de la vida, pasándola como una posta de las viejas generaciones a las nuevas, sosteniendo la fútil esperanza de que alguna vez llegaremos a la sima y la piedra quedará allí.

O bien también podemos pensarla como una alegoría de la inútil existencia a la que nos suscribimos al nacer. Durante el rodado de la piedra desarrollamos sistemas, nos tecnologizamos, hicimos inventos para poder sobrellevarla mejor, pero lo cierto es que la condena de que la misma retorne al lugar de comienzo es innegociable.

Hemos crecido como gigantes en desarrollar el racionalismo y la tecnología, entregándonos un saldo vacío existencial y múltiples carencias afectivas. En cambio, permanecimos enanos en el desarrollo de nuestras emociones y en nuestras capacidades de sentir y vibrar con nosotros mismos y con los otros, en su presencia y en su ausencia.

Al igual que una balanza de platillos el peso del progreso tecnológico, racional, comercial e intelectual solo eleva el platillo contrario lleno de nada, vacuo, multiple-carente, propio de una existencia que se limita a existir solo porque la vida se le entrego de manera gratuita.

Sísifo también es una metáfora de la vida de cada hombre y mujer individual, que se levanta un lunes, va a su trabajo, vuelve a su casa, está con su familia unos momentos, cena, se acuesta, duerme, para comenzar otra vez el martes… el viernes, y así, todos los días hasta llegar al momento en que la piedra se detiene por un instante durante el fin de semana, solo para que el lunes vuelva a repetirse el mismo cantinelaEn definitiva, si esta vida es todo cuanto hay, entonces no hay nada importante. No es de extrañar que A. Camus hable en esta instancia de la filosofía escondida detrás del suicidio. ¿Hay otra salida a la vacuidad de la existencia? Claro, no estoy haciendo apología del suicidio, muy lejos estoy de eso. Para mí el mito de Sísifo es solo una advertencia para todos los manifiestan una mirada utilitarista como filosofía larvaria.