Esta mañana me encontré un comentario interesante y pensado por parte de un lector que me invitó a hacer algunas reflexiones. En virtud del tema abordado por el último café filosófico sobre la cuestión del sufrimiento, cité en dicho evento las palabras de Marco Aurelio en el libro cuarto de las Meditaciones, que se incluyen en el comentario del lector.

Comentario de Mariano Cognigni

En principio pareciera haber una contradicción ya que como menciona Mariano «si algo realmente es una dicha no se soporta». Sin embargo, hay que ir un poco más alla, y preguntarnos qué es una contradicción. Si analizamos la palabra, contra decir es decir lo contrario. La contradicción implica un pararse en la vereda de enfrente del principio de identidad, e implica el decir y desdecirse, siguiendo a Aristóteles «yo no puedo decir que Sócrates está sentado y no sentado al mismo tiempo». En este sentido Marco Aurelio no incurre en una contradicción porque el no dice «esto es sufrir y no sufrir» sino que dice que cuando «algo nos produzca aflicción recordemos el principio de «no es sufrir infortunio». Esto implica que sufrir, no es un infortunio. Ahora bien, ¿qué es un infortunio? Hay que pensarlo ubicandonos en las nociones y categorías de su tiempo. Los romanos así como los griegos creian en dioses que tejían la trama de la vida, la diosa Fortuna era la encargada de ciertos acontecimiento beneficiosos pero casuales, con lo cual «infortunio» es una «no fortuna», podríamos decir que es «mala suerte». En este aspecto como la fortuna o suerte está designada desde el exterior al hombre, es un designio de los dioses nada podemos hacer respecto a esta cuestión.

Todos podemos ser victimas de infortunio: salir de casa y tener un accidente, un revés económico en un emprendimiento, haber decidido dejar nuestro trabajo estable justo el mismo año de la pandemia, todo esto puede generar un revés en nuestra fortuna. La cuestión es que sobre los infortunios no tenemos control, estamos a merced de ellos sin poder predecirlos ni prepararnos. Ahora bien, esto nos puede causar sufrimiento o como dice Marco Aurelio «aflicción». Sin embargo, el emperador dirá que cuando eso ocurra recordemos «no es un infortunio, sino una dicha soportarlo con dignidad». Está usando un recurso literario «la paradoja» la misma «consiste en utilizar conceptos o ideas que son contradictorias entre sí, pero que juntas poseen un valor muy significativo a nivel más profundo de sentido y significado no revelado a primera vista, pero que cala hondo de forma asombrosa». Este tipo de paradojas las utilizan muchos grandes pensadores, por ejemplo, en el Sermón de la Montaña, Jesús enunciará las llamadas «bienaventuranzas»: «bienaventurados» son los pobres de espíritu», «bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia», «bienaventurados cuando los persigan y los torturen por causa de mi nombre». Como podemos notar, al igual que Marco Aurelio está utilizando Jesus una noción muy particular de su tiempo la Ventura (Fortuna) y recurre a la paradoja para llamar la atención de sus oyentes.

Es decir el filósofo quiere que nos llame la atención y veamos los aspectos profundos de lo que está diciendo. En la filosofía estoica existían distintos conceptos o nociones, una de ellas es la del «Regente» o «principio rector» y otra es la de «proairesis» (albedrío). Me voy a concentrar en esta última. El termino griego proairesis (προαἰρεσις) viene del termino «hairesis» que significa «decisión» o «elección». Podríamos verter el termino como «elección de ante mano». Los estoicos comprendían que, uno antes que sucede un infortunio, debía tener una elección tomada respecto a cómo reaccionar ante él. Por eso Marco Aurelio dice «ten a mano este principio».

Por otro lado, el emperador quiere que ante un infortunio, ante una situación que está fuera de nuestro poder, volquemos toda nuestra atención en aquello que sí está en nuestro poder: el principio rector, el albedrío, la libre elección de cómo actuar, en vez de ser condicionados por las circunstancias. Es decir, que en vez de decir «esto es un infortunio y voy a sufrir» elegir una respuesta adecuada al sufrimiento que conlleve dignidad. Epicteto dice «estoy condenado a muerte ¿debo ir llorando y pataleando?».

Sin embargo, hay más. Marco Aurelio nos está queriendo decir que la dicha no depende de factores externos sino que es una decisión profunda (proáiresis). El comienzo del párrafo que se cita de las meditaciones a este respecto dice «Se igual que el promontorio contra el que sin interrupción se estrellan las olas.» Un promontorio es una prominente masa de tierra que sobresale de las tierras más bajas en que descansa o de un cuerpo de agua. No importa cuánto se estrellen las olas sobre el promontorio, el permanece firme y no cede. Es como si en nuestro interior existiera una fortaleza inexpugnable. El sentir que a pesar de las circunstancias nos mantenemos con la cabeza en alto es una dicha, eso no implica que no nos aflijamos o que no nos duelan las desavenencias ¿qué dignidad hay en mantenerse firme ante algo que no nos provoca la menor aflicción?. Uno puede ser feliz y dichoso aun en circunstancias adversas, porque la felicidad y la dicha no dependen de factores externos sino de sentir que en nuestro interior hay un remanso de aguas calmas sobre las que caen las cascadas de la aflicción.