Desgrabado del café filosófico llevado a cabo el 04/09/2020

Introducción

La pregunta por el sufrimiento no es nueva, de hecho, la religión ha intentado responder a esta cuestión desde antaño. Por ejemplo el tercer capítulo del Génesis intenta responder a esta pregunta y el capítulo cuatro sobre las consecuencias, y la respuesta es existe el sufrimiento por qué existe el mal. San Agustín seguirá en esta línea la respuesta ante la pregunta del sufrimiento.

Sin embargo, nosotros para poder hacer filosofía más que respuestas últimas debemos crear preguntas radicales que vayan al mismísimo centro de la cuestión.

En principio es importante que reparemos en la pregunta. Lo cierto es que siempre que planeamos una pregunta partimos de ciertos supuestos que hacen que la pregunta tenga sentido. 

Por un lado, al preguntarnos “por qué sufrimos” estamos aceptando que hay un “por qué” y que ese “por qué» puede ser descubierto o por lo menos indagado. Lo segundo que estamos aceptando en la pregunta sobre “por qué sufrimos”, es que el sufrimiento es algo. Es decir que cuando preguntamos por qué sufrimos personalizamos una pregunta un tanto más impersonal que es ¿Por qué hay o por qué existe sufrimiento?. 

Ahora bien, por otro lado, la pregunta por el “por qué” de algo puede ir en dos vías: La primera es la vía de las razones. Cuando preguntamos por el por qué de algo estamos aceptando implícitamente que puede haber una razón, una lógica, una causa. Pero también, cuando pregunto por el por qué del sufrimiento estoy preguntando por el sentido, estamos aceptando que puede tener un sentido sentido. En otras palabras, si miramos bien la pregunta ¿por qué sufrimos? estamos poniendo sobre la mesa tres cuestiones: 

  1. Cuál son las causas del sufrimiento o las causas que nos llevan a sufrir
  2. Pregunta sobre es su origen.
  3. Pregunta también por el sentido del sufrimiento 

Es decir que la pregunta ¿Por qué sufrimos? está preñada de por lo menos tres preguntas: ¿Cuál es la causa del sufrimiento? ¿Cuál es el origen del sufrimiento? y ¿Cuál es el sentido del sufrimiento? 

Sin embargo, ninguna de estas pregunta indaga por el estatus ontológico, es decir, por su condición de ser, su condición de posibilidad. Es decir, creo que para poder poner algo de luz a las preguntas sobre el sufrimiento debemos primeramente preguntar ¿Qué es el sufrimiento?

Claro pero alguien puede decir “cómo voy a cuestionar la existencia del sufrimiento si yo cuando me separé sufrí, cuando me quedé sin trabajo sufrí”. Claro, la cuestión no es poner en duda la experiencia que denominamos sufrimiento, la pregunta es si el sufrimiento existe como entidad independiente al ser humano. 

El sufrimiento como estado

Hay ciertas ideas que se repiten en las definiciones que se fueron recabando en el grupo como “dolor” o “padecer una dolencia”. 

Sin embargo, hay una definición que me pareció interesante para ahondar: “Sufrir es un sentimiento, un estado”.

Ahora bien, si es un estado la pregunta sería ¿un estado de qué?. Para responder a esta pregunta tenemos que recurrir al dolor. 

Muchos han asociado el sufrimiento a un dolor. Sin embargo no en cantidad, sino en cualidad. Es decir, que han visto en el sufrimiento un dolor pero de de otro tipo. ¿Ahora bien por qué recurrimos al dolor para explicar el sufrimiento? Le hice a mi  hijo de ocho años la pregunta “qué es el sufrimiento” y su respuesta fue: “Es un estado de dolor pero no es dolor, es un dolor como mental”. 

Ahora bien, en el lenguaje ordinario, yo puedo decir que me duele el dedo, me duele la cabeza, me duele la panza. Notemos como el dolor siempre está remitido a lo físico. Es decir que el dolor es una experiencia física. Pero qué pasa con el sufrimiento. No digo “me sufre el dedo”, “me sufre la cabeza”, “me sufre la panza”. 

El lenguaje ordinario cotidiano, nos avisa que el sufrimiento no es físico. Entonces si no es físico pareciera que el sufrimiento es un estado más allá de lo físico. Ahora bien, en griego, “mas allá” se dice “meta” con lo cual si está más allá de lo físico, el sufrimiento es un estado “metafísico”. Y esta es la razón por la cual el sufrimiento ha sido uno de los temas explorados por la filosofía.

Los filósofos de todos los tiempos han buscado acercarse a la experiencia del sufrimiento para poder saber como alivianar su carga. Y digo su carga porque la etimología de la palabra sufrir (sub-ferre en latín), significa “llevar, cargar por debajo”, ese “por debajo» implica algo que no está a la vista y por ende está oculto. Una de las condiciones de posibilidad para el sufrimiento es el cargar algo sin que nadie se de cuenta, en silencio. 

Es decir que el sufrimiento en principio es una experiencia metafísica que no es necesariamente visible. Ahora bien, la metafísica y me voy a remitir al tratado escrito por Aristóteles, es la ciencia del ente en tanto que ente, es decir es el estudio de el Ser en su condición de ser. En otras palabras, si la metafísica refiere al estudio del ser, y el sufrimiento es “metafísico” entonces llegamos a la conclusión de que el sufrimiento es un estado en que el ser se encuentra. Es decir que mientras en el dolor puedo decir que “me duele el dedo” en el sufrimiento, lo que duele es mi ser:  “yo soy el que duelo”. 

Tres condiciones del sufrimiento

La filosofía tiene tres momentos y tres estados emocionales concomitantes. En la época socrática el “asombro” es la emocionalidad que posibilita la filosofía, Platón en el dialogo el Teeteto dice “ese estado afectivo tan propio del filósofo: la perplejidad”. 

La segunda condición es la duda, René Descartes, dice “si dudo pienso, y si pienso existo”, y la emoción concomitante es la incertidumbre. 

Y por último Karl Jasper va a decir que otra de las condiciones de posibilidad de la filosofía son las situaciones límites, y la emoción que conlleva es la angustia. 

Estas tres condiciones son razón y causa del sufrimiento, cuando una situación desagradable nos toma de sorpresa, y nos deja perplejos. El sufrimiento se agrava cuando nos acontece algo que no esperábamos,  que nos deja anonadados, perplejos, entramos en un estado de sin salida. 

Por otro lado, sufrimos ante la incertidumbre: no saber nos llena de sufrimiento, pongamos algunos ejemplos: 

  • ¿Cuándo se acabará la cuarentena? Sufrimos al no saber cuando terminará esta situación atípica.
  • Nos sentimos mal, hay algo que no está bien en nuestro cuerpo y no sabemos qué tenemos, vamos al médico y no hay diagnóstico. Esta es otra condición de incertidumbre que nos causa sufrimiento.
  • Fallece un ser querido, sufrimos. Pero más sufrimos la incertidumbre de no saber dónde está, y si donde está está bien, si es feliz, si nos ve… 
  • Estamos acostados en la cama con una persona con la que salimos hace varios meses, mirando una pelicula, tomados de la mano, beso va beso viene, y la pregunta nos asalta ¿Qué somos? No saber en qué tipo de relación estamos puede causarnos sufrimiento.

Pero lo que más sufrimos son las situaciones límites. Estas situaciones pueden darse y aunarse a la perplejidad de lo inesperado y a la incertidumbre de cómo continúa nuestra vida luego de enfrentar esta situación límite. 

El sufrimiento se vincula con la supresión de nuestras posibilidades futuras: quien sufre se ve limitado, impotente, ante ciertas circunstancias.

¿Oposición entre placer y dolor?

Ahora bien, por lo general contraponemos sufrimiento y placer. Los consideramos tan opuesto que si sufrimos nos preguntamos ¿Por qué me pasa esto a mi? Pero si ganamos la lotería nadie pregunta ¿Por qué me pasa esto a mi? Ahora bien, la filosofía tiene algo que decir al respecto: ¿Por qué sufrimos? Porque gozamos. No como un castigo por haber gozado, si hay placer también hay sufrimiento. Platón lo va a decir de forma admirable en el Fedón. Para ponernos en contexto, este es uno de los diálogos que están asociados a la muerte de Sócrates, el primero es La Apología que aborda la cuestión de la defensa de Sócrates ante el tribunal por las acusaciones que lo llevarán o al destierro o a la muerte, es un Sócrates que está vivo. En el caso de El Fedón han pasado algunos años y están recordando los últimos momentos con el maestro. El que relata el hecho es Fedón uno de los presentes en esa última visita. Fedón está ahí enfrente de un Sócrates que está a punto de beber la cicuta y se expresa su experiencia así: 

“Pues bien, yo tuve una asombrosa experiencia al encontrarme allí. Pues no me inundaba un sentimiento de compasión como a quien asiste a la muerte de un amigo íntimo, ya que se le veía un hombre feliz, tanto por su comportamiento como por sus palabras, con tanta serenidad y tanta nobleza murió. De manera que me pareció que, al marchar a la muerte, no se iba sin un destino divino, y que, además, al llegar allí, gozaría de dicha como nunca ningún otro. Por eso, pues, no me entraba, en absoluto, compasión, como parecería ser natural en quien asiste a un acontecimiento fúnebre; pero tampoco placer como cuando nosotros hablábamos de filosofía como teníamos por costumbre -porque, en efecto, los coloquios eran de ese género-, sino que simplemente tenía en mí un sentimiento extraño, como una cierta mezcla en la que hubiera una combinación de placer y, a la vez, de pesar  , al reflexionar en que él estaba a punto de morir. Y todos los presentes nos encontrábamos en una disposición parecida, a ratos riendo, a veces llorando, y de manera destacada uno de nosotros, Apolodoro -que ya conoces, sin duda, al hombre y su carácter”

Aquí Platón intenta expresar cómo en el mismo momento de la muerte de Sócrates los presentes se hallaban de alguna forma en un estado de placer por momentos y de dolor a la vez, pero también como al ver a Sócrates, no parecía en absoluto un condenado a muerte, más bien estaba sereno. En este relato, placer y dolor se presentan en una oscilación en un pendular. Pareciera que Sócrates se percata de esta cuestión y aprovecha el momento para decir unas palabras que dan comienzo a toda la noción que luego se desarrollará sobre la cuestión de la inmortalidad del alma: 

“Sócrates, sentándose en la cama, flexionó la pierna y se la frotó con la mano, y mientras se daba el masaje. (tomemos en cuenta que Sócrates tiene 71 años, con los achaques propio de una persona de esa edad, además de estar con grilletes, encadenado) “dijo: -¡Qué extraño, amigos, suele ser eso que los hombres denominan «placentero»! Cuán sorprendentemente está dispuesto frente a lo que parece ser su contrario, lo doloroso, por el no querer presentarse al ser humano los dos a la vez; pero si uno persigue a uno de los dos y lo alcanza, siempre está obligado, en cierto modo, a tomar también el otro, como si ambos estuvieran ligados en una sola cabeza”.

Sócrates revela que de alguna forma placer y dolor nunca aparecen juntos, pero a la vez son dos caras de una misma moneda y que cuando accedo a uno quiera o no, lo advierta o no accedo al otro.

Por lo dicho hasta aquí pareciera ser que el sufrimiento es la experiencia de un estado del ser que se percibe de forma injusta. En este sentido Simon Weill dice “La parte del alma que pregunta ¿Por qué me pasa esto a mi? es la parte del ser humano que ha permanecido intacta desde la infancia”. 

Quiero hacer foco en la cuestión que formaba parte de una de las definiciones “Sufir es la impotencia de no poder resolver situaciones” notemos como comparece la noción poder. Es decir de aquello que puedo con respecto a aquello que no puedo. En este sentido quiero hacer mención de dos distinciones propias de la filosofía estoica que puede servir de ayuda para aliviar la carga.

La primera está relatada en Manual de Vida de Epicteto el capítulo uno comienza así. 

«En cuanto a todas las cosas que existen en el mundo, unas dependen de nosotros, otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen; nuestras opiniones, nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestras inclinaciones, nuestras aversiones; en una palabra, todas nuestras acciones. Las cosas que no dependen de nosotros son: el cuerpo, los bienes, la reputación, la honra; en una palabra, todo lo que no es nuestra propia acción. Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas; las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes, y enteramente ajenas. Recuerda pues que, si tu crees libres, a las cosas por naturaleza esclavas, y propias, a las que dependen de otro; encontrarás obstáculos a cada paso, estarás afligido, alterado, e increparas a Dios y a los Hombres. En cambio si tu tienes, a lo que te pertenece, como propio y, a lo ajeno como de otro; nunca, nadie, te forzará a hacer lo que no quieres ni te impedirá hacer lo que quieres. No increparás a nadie, ni acusarás a persona alguna; no harás ni la más pequeña cosa, que no desees; nadie, entonces, te hará mal alguno, y no tendrás enemigos, pues nada aceptarás que te sea perjudicial”.

Esto está asociado a su vez a la noción de amor fati es decir amor al destino Epicteto dirá “No busques que los acontecimientos sucedan como tu quieres, sino desea que sucedan como sucedan, y serás feliz”. 

Hay cosas que dependen de nosotros y otras que no dependen de nosotros. El sufrimiento radica buscar que dependa de nosotros lo que no depende de nosotros, y creer que no depende de nosotros lo que sí depende de nosotros. Ahora bien ¿Qué sí depende de nosotros? El hacer uso correcto de las interpretaciones: “No son los hechos los que nos perturban sino la interpretaciones que hacemos de los hechos”. 

Lógicamente no estoy de acuerdo con todo lo que dicen los Estoicos, ellos tienen una postura radical ante el sufrimiento producto de la muerte. En el sufrimiento por el fallecimiento de un ser querido es un sufrimiento que forma parte del proceso de reorganización de nuestro sistema, alguien formaba parte de nuestra vida y ahora no está más. Necesitamos un período de readaptación, volver hacia nosotros mismos, este sufrimiento es parte de ese proceso, pero también lo podemos alivianar, ya mencioné que gran parte de lo que es el sufrimiento en tanto tal tiene que ver con el llevar una carga en soledad.

Aun así, las palabras de Marco Aurelio el Emperador son muy elocuentes porque nos ponen de cara al hecho de que no es la cuestión sufrir o no, sino como lo enfrentamos:

«¡Desdichado de mí, porque me aconteció eso!» Pero no, al contrario: «Soy afortunado, porque, a causa de lo que me ha ocurrido, persisto hasta el fm sin aflicción, ni abrumado por el presente ni asustado por el futuro.» Porque algo semejante pudo acontecer a todo el mundo, pero no todo el mundo hubiera podido seguir hasta el fin, sin aflicción, después de eso. ¿Y por qué, entonces, va a ser eso un infortunio más que esto buena fortuna? ¿Acaso denominas, en suma, desgracia de un hombre a lo que no es desgracia de la naturaleza del hombre? ¿Y te parece aberración de la naturaleza humana lo que no va contra el designio de su propia naturaleza? ¿Por qué, pues? ¿Has aprendido tal designo? ¿Te impide este suceso ser justo, magnánimo, sensato, prudente, reflexivo, sincero, discreto, libre, etc., conjunto de virtudes con las cuales la naturaleza humana contiene lo que le es peculiar? Acuérdate, a partir de ahora, en todo suceso que te induzca a la aflicción, de utilizar este principio: no es eso un infortunio, sino una dicha soportarlo con dignidad. 

Ahora bien, la últimas de las cuestiones es la indagación por el sentido del sufrimiento. ¿Tiene sentido el sufrimiento? La respuesta es no. El sufrimiento como tal es parte inherente de la vida y así como la vida no tiene sentido en sí misma tampoco el sufrimiento tiene sentido en sí mismo. El sufrimiento y la vida están vacíos de sentido. Lo cual no da una cuota de profunda esperanza porque cuando algo está vació lo puedo hacer es llenar con lo que yo quiera. 

En esta linea Victor Franakl (casado con Tilly Grosser, obligan abortar a su hijo) fue condenado a los campos de exterminio Nazi y escribió un librito autobiográfico El hombre en busca de sentido, ahí va a decir:

“al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa, la libertad humana, la libre elección de la acción ante las circunstancias, para elegir su propio camino” 

Frankl estudió con detalle los efectos que el campo de concentración tenía en los individuos y notó como algunos reclusos se abatían y degradaban ante el sufrimiento, mientras que otros parecían madurar interiormente. Y dedujo que no es el sufrimiento lo que madura o enturbia al hombre, es el hombre el que le da sentido al sufrimiento, de hecho tanto es así que el mismo va a decir “el sufrimiento deja de ser sufrimiento cuando uno le encuentra un sentido”.  

En resumen: El sufrimiento podríamos definirlo como cierto estado del ser que confunde lo que depende de nosotros de aquello que no depende de nosotros.

Hay una anécdota de Epicteto, no sabemos si es verdad o no, pero resume muy bien la actitud estoica ante el sufrimiento, dice: “me van a condenar a muerte hoy a la tarde, todavía falta, tengo tiempo de comer algo todavía”.

Sufrimos entonces a causa de no comprender esta diferencia. Sufrimos cuando queremos que las cosas sean diferentes a como ocurren en vez de aceptar con valor, humanidad y entereza aquellas cosas que no podemos cambiar.  Dovtoievski dice “Solo temo una cosa no ser digno de mi sufrimiento”. 

Somos dignos de nuestro sufrimiento cuando enfrentamos con entereza nuestro sufrir, somos dignos del sufrimiento cuando podemos seguir siendo nobles, libres, justos, humildes, en las circunstancias adversas, cuando no nos volvemos amargo de alma, cuando maduramos en el sufrimiento. No importa lo que padezcamos lo importante es que al final podamos decir “fuimos dignos de nuestro propio sufrimiento”. 


NOTA: Este texto es un desgrabado depurado, se han quitados las redundancias y repeticiones innecesarias propias del discurso oral.

Bibliografía

  • Platón, Fedón 58d; 61b-c
  • Epicteto, Manual de vida, capítulo 1
  • Marco Aurelio, Meditaciones Capítulo 4
  • Victor Frankl, El hombre en busca de sentido