La filosofía como terapia del alma

Sobre la filosofía como arte de vivir

El termino filosofía suele causar prurito. Se piensa en ella como una materia dentro de la currícula de la escuela secundaria o en su defecto como una carrera que se estudia de manera más profunda en la universidad. 

En cualquier caso se ve en ella como una disciplina meramente especulativa, hermética, cerrada, críptica de difícil acceso a la cual solo acceden pensadores despeinados, intelectuales desarreglados. En cualquier caso pareciera ser que la concepción popular pone en las antípodas filosofía y vida cotidiana.

Lo que me propongo en este texto es revisar esta concepción popular para que podamos ver la filosofía con otros ojos. Con los mismos ojos enamorados con que alguna vez la vimos.

«Nadie por ser joven vacile en filosofar ni por hallarse viejo se fatigue de filosofar. Pues nadie es demasiado adelantado ni retardado para lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que aún no le llegó la hora de filosofar o que ya se le ha pasado es como quien dice que no se le presenta o que ya no hay tiempo para la felicidad.»

-Epicuro

RESEÑA DE LA OBRA

Sócrates y dos alumnos

Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 103 x 120 cm.

Vecchia, Pietro Della

Venecia, 1603, 1678

Foto Mónica Cavellé

Lo que me propongo en este texto es revisar esta concepción popular para que podamos ver la filosofía con otros ojos. Con los mismos ojos enamorados con que alguna vez la vimos.

Diego M. Lo Destro

En principio es importante aclarar que el termino filosofía es una palabra compuesta por dos vocablos griegos: philos, que significa «consagración a», «aproximación», «disposición a»; y sophia, sabiduría. 

En su origen tenía la significación de una disposición a la sabiduría, un amor a la sabiduría, una especie de adhesión a la búsqueda de sabiduría. Por otro lado, el termino sabiduría se entendía como un saber práctico que vinculaba al ser humano y llevar una vida virtuosa. 

Un sabio era quien hacía un esfuerzo para observar la realidad tal cual es y buscaba vivir en armonía con la misma, alguien que aprendía adecuarse a la realidad tal cual se presenta, sin negarla ni cambiarla. 

La búsqueda de la felicidad y el buen vivir

Ellos consideraban que dicha adecuación a la realidad era lo que satisfacía las necesidades humanas más profundas y creaba las condiciones para la expresión del potencial inherente, y por ende la que facilitaba el acceso al bien y la felicidad. En otras palabras la filosofía era el arte y la ciencias del bien vivir. Por ejemplo, según Jámblico en Vida de los pitagóricos dice:

«los filósofos son responsables de nuestro buen vivir y pensar»

Por otro lado, el filósofo romano Musonio Rufo en el siglo I dirá:

 «el filósofo ha hecho un arte de saber qué proporciona a los seres humanos la felicidad o la infelicidad».

Es decir que el filósofo originariamente era un maestro en el arte de vivir. Filosofía, arte de vivir, felicidad, eran palabras que se vinculaban al buscador de la sabiduría.

En otras palabras podemos comprender la filosofía como dos tradiciones: una primera tradición que nos viene legada del entorno académico y por ende una disciplina teórica y especulativa; y otra tradición que no considera la filosofía como un mero discurso filosófico sino más bien como la actitud con la que el filósofo encara la vida, donde pensamiento y vida se vuelven solidarios entre sí, mutuamente influyentes.

Las enseñanzas de Heráclito de Éfeso, Parménides de Elea, Pitágoras de Samos, Sócrates, Platón, Aristóteles, la filosofía del período helenístico y el neoplatonismo, no eran meras especulaciones teóricas, eran prácticas de vida, formas de vivir vidas pensadas, buscaban el desarrollo de las posibilidades latentes en la estructura profunda del ser humano, mediante un camino de plenitud y libertad interior.

Ellos encarnaban en la vida lo que plasmaban luego en sus teorías y concepciones, eran un modelo de vida y contagiaban a otros a seguir esta forma de vivir a quienes eran amantes de la sabiduría. 

Foto Mónica Cavellé

“Entendían que solo podía penetrar bajo la superficie de las cosas y vislumbrar las claves de la existencia quién había accedido a cierto estado de ser, quien se desenvolvía en un determinado nivel de consciencia.”

Mónica Cavallé Cruz

El filósofo: un compromiso con la transformación 

El verdadero filósofo no se dedicaba a elucubrar imbricadas teorías sobre la realidad sin compromiso alguno con la transformación de sí mismo, sino aquel cuyo principal compromiso era su transformación y profundidad interior lo que garantizaba una profunda simplicidad en su forma de ver la vida. Era el prototipo del ser humano virtuoso.

En este sentido es importante aclarar termino virtud. La palabra usada originalmente es areté. La areté es la esencia de algo en tanto su «para qué». Por eso, se puede verter como «excelencia». Por ejemplo, la areté de la silla es que sea cómoda y sirva a los propósitos por los cuales fue creada. Por otro lado el término virtud, virtus de la raíz -vir, (de dónde viene el termino «viril») significa poder, potencial o esencia. Es decir que el virtuoso es aquel que está en contacto con su «para qué» con su «propósito», quien alcanza o tiende a la excelencia, quién se apropia de  su esencia y potencial, quien tenía el poder para expresar sus cualidades esenciales. 

Foto Michel Foucault

“El criterio decisivo que permite identificar en el mundo greco-romano al que dice la verdad, al filósofo, no se encuentra en su nacimiento, ni en su ciudadanía, sino en su competencia intelectual, sino en la armonía que existe entre su discurso y su vida.”

Michel Foucoault

En definitiva la filosofía como la entiendo lejos de ser un saber abstracto, alejado de la realidad, disociado de la vida y la existencia, exigía un gran compromiso con la realidad de la vida, era un saber en operación, que produce cambios profundos y radicales liberando en nosotros un saber transformador y leberador de nuestras mayores posibilidades de existencia.

Y es justamente este aspecto transformador y liberador del saber del filósofo lo que hacía de dicha disciplina una forma de terapia del alma. Cicerón en Disputas Tusculanas la concibe como «una medicina del alma». Los escépticos pensaban que la filosofía actuaba sobre la mente a modo de purgante, porque expulsaba de uno los dogmas que no servían para la vida.

«Vana es la palabra del filósofo que no es capaz de aliviar ningún sufrimiento humano, pues así como no hay ningún beneficio de la medicina que no expulsa las enfermedades del cuerpo, tampoco lo hay en la filosofía, si no expulsa las enfermedades del alma».

-Epicuro

En fin, todo lo dicho en este párrafo es el resultado de pensar la filosofía como una forma de aliviar el peso de la existencia, una forma de terapia que liberaba al ser humano de la esclavitud interior, y la enajenación que produce en el ser humano las maneras inauténticas e impropias de existir. 

Firma Diego Lo Destro