La Figura del Psicagogo Como Filósofo Asesor

Rehabilitando la Psicagogía: Orígenes de la Filosofía

El interés del ser humano por su propio desarrollo no es nuevo. Hace veinticinco siglos, en la Grecia clásica, nace esta inquietud de la mano de inteligencias excelsas y reflexiones hasta entonces inusitadas. En aquel momento y en aquel lugar, los filósofos protagonizan un giro que busca comprender ya no solo la naturaleza, sino también al ser humano. Viran de esta manera la dirección del foco de sus preocupaciones, abandonan el terreno delimitado por las explicaciones de lo que podríamos llamar «el afuera», para pasar a explorar el de aquellas que remiten a «el adentro», el interior del ser humano. Ya Heráclito de Éfeso proponía el “investigarse a sí mismo” poniéndose en las antípodas del saber erudito de muchos pensadores de su tiempo.

Sócrates y Platón también son representantes destacados de esta corriente, y así como habían influido a la hora de repensar el universo, todo eso que nos rodea, incorporan nuevos objetos a su estudio y permiten que sus contemporáneos dirijan la mirada hacia sí mismos, para interrogarse y cuestionarse.

Los griegos acuñan un nombre para su esfuerzo dialógico en pos de conducir las almas: psicagogía. Y es de ese arte más que doblemente milenario de donde se van desprendiendo todos los demás que toman al logos como fundamento clave. Platón en un diálogo entre Sócrates y Gorgias propone que mientras la retórica es “guiar el alma (psikagogía) de muchos” la dialéctica es “guiar el alma (psicagogía) de uno”.

Vistas desde esta perspectiva que toma en cuenta su origen, no es difícil emparentarla con lo que Michel Foucault bautiza como «las tecnologías del yo«.

RESEÑA DE LA OBRA

Sócrates Reprendiendo a Alcibíades en Casa de una Cortesana. 

Museo del Prado 1857. Óleo sobre lienzo, 278 x 226 cm. 

HERNÁNDEZ AMORES, GERMÁN

Murcia, 1823 – Murcia, 1894

Imagen psicagogía como búsqueda

Me he investigado a mi mismo

Heráclito de Éfeso, Siglo VI a. C

La psicagogía es un arte capaz de englobar y contener una multiplicidad de saberes en provecho de la aceptación de la subjetividad, es una ayuda al desarrollo de quien llega a la consulta dialógica tantas veces con gritos desgarradores, inaudibles, incluso, que tienen su origen en el hecho de no poder lograr aquello que desea conseguir, o en la alegría contenida que suele generar el haber descubierto las más altas posibilidades de existir, y arribar así a un lugar en el que necesita un guía que eleve su alma hacia otros lugares, antes impensados.

Requisitos para Acceder a un Proceso Psicagógico

Es posible que el arte psicagógico del diálogo desde este enfoque tenga beneficios catárticos. Sin embargo, es imposible lograr un efecto beneficioso, kathartico, es decir, purificador, si el alma no se desnuda, este es el primer requisito. Si el habla no es franca, si tanto el consultante como el consultado no están dispuestos a dejar de lado todo tapujo para decir con libertad, sin vacilaciones, se pierde la posibilidad de establecer una auténtica relación psicagógica, y por esto es imprescindible que quien albergue el deseo de hacerse cargo de sí mismo esté dispuesto a mirarse, para verse sin esquivar la mirada sobre lo que no quiere ver por dolor y por temor, como en su ocasión elige Edipo, cuando se arranca los ojos para no hacerse cargo de lo horroroso, lo monstruoso.

Quien desea acercarse a este enfoque debe estar dispuesto a mirarse más allá de lo evidente, con perspicacia y suspicacia para poder cuestionar sus creencias desde el foco e su raíz, para ver lo que nunca vió y escuchar de sí lo que nunca se escuchó.

Hay, además, un segundo requisito para que la conversación psicagógica se establezca. Se trata de que quien acude al diálogo deposite su confianza en quien lo ayuda a adentrarse en los laberínticos pasillos de su alma, así como Teseo confió en Ariadna, sin cuya asistencia no hubiera logrado recorrer los recovecos tras los que se negaba a la vista el feroz minotauro.

No menos necesario es el ejercicio de la caminata lado a lado, como la que protagonizan Virgilio, el poeta, y Dante, que nos recuerdan, con su movimiento paso a paso, que para llegar al cielo primero hay que atravesar los propios infiernos como lo haría un verdadero héroe.

Se impone comprender, lo subrayo, lo fundamental de la franqueza para que el intercambio de palabras resulte exitoso; y a la vez tener muy claro que este acto de sinceridad suprema, durante el cual quien se desnuda lo hace frente a un espejo que le entrega una imagen del interior de sí, no es una deuda que se tiene con el psicagogo, sino consigo mismo.

El arte de guiar las almas no es otra cosa que una indagación profunda que se vale de la habilidad del lenguaje para afectar, mover, escrutar de cierta manera a quien se desnuda.

Los filósofos viran su foco de interés centrado en lo que podríamos llamar «el afuera», para pasar a explorar aquello que remiten a «el adentro», A este giro se lo denomina «giro antropológico».

Imagen espacio de reflexión

Función del psicagogo

El psicagogo indaga, pregunta, refuta, compara, brinda un espacio de reflexión y escucha. Desprovisto de juicios, desde un enfoque fenomenológico primero, para lograr una nueva hermenéutica después. Una interpretación que nos permita arribar a una comprensión sentida de nosotros mismos, de nuestros actos, sobre quiénes somos. La comprensión sentida y una aceptación de la propia y particular realidad son las metas terapéuticas de la psicagogía.

Definición de Psicagogía

La psicagogía no persigue el objetivo de suministrar habilidades, no suma ni perfecciona competencias particulares, sino que busca que el individuo se transforme en lo más profundo de su ser, utilizando para esto el simple y a la vez complejo recurso del diálogo genuino en un ejercicio mayéutico de exploración y refutación.

La psicagogía no es una ciencia, no es una técnica, pero sí es el arte de hacer que las palabras pinten en el lienzo aun vacío del futuro un advenir promisorio, el arte que ayuda a esculpir la nueva forma de quien ya no le encuentra sentido a su actual forma de ser. 

La psicagogía es, también, el arte que crea y amalgama las partes desmembradas de sentimientos rotos y corazones destrozados; es el arte que se carga al hombro la facultad de crear un creer en los habitantes de este planeta que pueden proyectarse y arrojarse a sí mismos al futuro, con la aceptación inalienable que convierte al ser humano en un ser divino, capaz de fundar con palabras un mundo, de hacer de la propia vida una obra de arte.

Desde este lugar la psicagogía adquiere la forma de un proceso dialéctico, es un diálogo empoderativo, que, sin ser psicoterapia, puede tener consecuencias fuertemente terapéuticas, terriblemente sanadoras, intensamente generativas, pero por sobre todo, poderosamente transformadoras.

Imagen transformación

La psicagogía es el arte que crea y amalgama las partes desmembradas de sentimientos rotos y corazones destrozados; es el arte que se carga al hombro la facultad de crear un creer en los seres humanos que pueden proyectarse y arrojarse a sí mismos al futuro, con la aceptación inalienable que convierte al individuo en un ser divino, capaz de fundar con palabras un mundo de sentidos, y de hacer de la propia vida una obra de arte.

-Diego M. Lo Destro