Hay una creencia muy difundida en los diferentes entornos sociales e incluso en algunos ámbitos académicos que sostienen que la filosofía no es útil. Ahora bien, la pregunta que cabe hacerse hasta que punto la misma filosofía no es culpable de dicha concepción. Por otro lado también es cierto que el pragmatismo creciente está provocando un despotismo donde solo se valora lo que se considera útil en sentido redituable. Este despotismo de los valores pragmáticos está provocando una anemia espiritual creciente. 

Las preguntas fundamentales son: ¿por qué la filosofía ha llegado a ser considerada por la mayoría como algo “inútil”? ¿Qué ha impedido que se recurra  a los filósofos al enfrentarnos a los retos y dilemas de nuestro tiempo? ¿Por qué tantos individuos consideran a la filosofía como una ciudad amurallada, inexpugnable de difícil acceso? 

Estas respuestas revelan dos cuestiones claves la primera estamos siendo asfixiados por un pragmatismo asfixiante y en segundo lugar nos habla del estado de salud de la filosofía como disciplina. 

Lo cierto es que las grandes civilizaciones han establecido sus cimientos en nociones de naturaleza filosófica. De hecho cuando observamos la filosofía como una disciplina cuya principal actividad principal es comprender la realidad y buscar los medios más adecuados para guiarse en ella, podemos ver que toda civilización de una u otra forma hunden sus raíces en una filosofía que le da soporte. 

Las raíces filosóficas donde se sostiene el árbol de cierta civilización genera una determinada forma de mirar la realidad y una manera específica de estar en el mundo, respondiendo así a las preguntas fundamentales sobre lo que significa ser humano y hacia donde nos dirigimos. 

Sin embargo, hoy por hoy no parece que se considere a la filosofía uno de los ejes de nuestra cultura. De hecho la filosofía perdió protagonismo en nuestra conciencia occidental. Han enclaustrado a los filósofos y la filosofía en los dominios académicos y especializados. Lejos quedó el tiempo cuando se solicitaba a los filósofos y sabios su asistencia y consejo en la corte de los reyes y gobernantes. Hoy los gobiernos son asistidos por especialistas en tecnología, tecnócratas, lectores de estadísticas y publicistas, pero no filósofos. Es muy grave que la misma filosofía cierre los ojos a este factor y que se la considere una disciplina que nada tiene que ver con la vida. 

La filosofía tuvo en sus comienzos un aporte directo a la vida tanto social como política. Hay dos fenómenos que dieron paso al olvido de la filosofía en principio: la constante perdida de eficacia para la vida cotidiana, hecho que dio paso a un segundo fenómeno: un aislamiento constante de lo que podríamos decir las esferas de la vida. Lo que provoca a su vez una influencia de carácter nulo para la vida cotidiana. 

Sin embargo, la filosofía no puede ser eliminada, porque como ya dije constituye los cimientos de toda civilización. 

Ahora bien, como la filosofía no puede ser eliminada comienza a crecer de forma oculta, larvada; se vuelve inconsciente y opera desde las sombras, volviéndose irreflexiva y acrítica. Es decir que una filosofía que no se reconoce de forma tal y abierta crea un sustrato epistemológico que subyace de forma larvada y oculta tras bambalinas, deformada. Una forma de darnos cuenta sobre la filosofía que subyace oculta en nuestra época es en primer lugar observar las consignas que en nuestra época se dan por supuestos, en segundo lugar los ideales que motivan y que la mayoría asume como propios, tercero los valores individuales y colectivos que predominan y que de alguna forma son evidentes en la publicidad y los medios de comunicación. 

Ahora bien, como esta filosofía yace oculta y opera desde la sombra, no es cuestionada, no es indagada, simplemente pasa desapercibida bajo la sombra de la costumbre y tapadas de una supuesta normalidad bajo la tiranía de lo incuestionable. 

Sin embargo, como la filosofía constituye el entramado intimo de la cultura no puede simplemente ser suprimida. Ahora bien, cuando esto no se reconoce de forma explicita el pensamiento se convierte en ideología eludiendo imponiéndose a la sociedad evadiendo así la critica. Este hecho es un peligro. Porque fundamentalmente la filosofía es el antídoto contra las ideologías. Una sociedad en la cual la filosofía no tiene un lugar relevante, abierto y explícito el pensamiento crítico corre peligro, dando lugar a una sociedad adoctrinada siendo una sopa orgánica para toda forma de manipulación. 

Un pensamiento crítico silenciado, una sociedad en la cual se desprestigia el pensamiento filosófico en pro de una cultura de la utilidad y de un pragmatismo recalcitrante es terreno fértil para el crecimiento de ideologías que subvierte la libertad. No nos olvidemos que lo primero que se silencia en una dictadura son a los pensadores. Pero en la dictadura de la tecnocracia y en la sociedad del pragmatismo, aunque no se silencie a la filosofía de forma explícita, se lo hace de forma solapada. Se necesitan individuos obedientes, capaces de evadir el acto reflexivo, capaces de acallar su pensamiento crítico, porque la primera de las libertades humanas es la libertad de pensamiento. Un individuo de pensamiento libre, un libre pensador, es ante todo un subversivo, un inconformista, un opositor, alguien que se sacude las cadenas de régimen hegemónico imperante con el fin de establecer por sobre todo su libertad. Una vez dijo alguien “no estoy de acuerdo con tu pensamiento, pero defenderé a muerte tu derecho a expresarlo”.

El filósofo es alguien que aun no acordando con todas las formas de pensar defiende con su vida, como Sócrates su derecho inalienable a expresar ferviente y valerosamente su pensamiento. Una sociedad que a la que se le anula su libertad de pensar mediante excluir de los sistemas educativos las materias que contribuyen al pensamiento crítico se los convierte en individuos manipulables y carne de cañón del totalitarismo.