Por: Hector Montañez, Licenciado en Filosofía.

En esta época hipermoderna en que se encuentra la humanidad, se reconoce un nuevo paradigma, que da paso al nuevo realismo, como lo mencionan los filósofos Beuchot (México) , Gabriel (Alemania) y Ferraris (Italia).

En paralelo, mas no indiferente de la filosofía, la tecnología sigue avanzando en los espacios digitales con la inteligencia artificial, reconociendo que el hombre es capaz de confrontar nuevos campos de estudio de proyección para sí y el otro.

Byung-Chul Han (Corea) apela a La sociedad de la transparencia, la cual ha causado un auge con su investigación, en cuanto que evoca ideas que se encuentran implícitas desde obras como La sociedad teledirigida de Sartori o Un mundo feliz de Aldous Huxley entre otros.

En la actualidad se acuñan neologismos, los cuales, apelan a aquella filosofía del lenguaje, que buscaba un mensaje filosófico de mayor impacto o elaborar sentencias y discursos sin límite de fallas, como lo explica Chomsky con su gramática generativa y al que hace referencia en sus discursos, donde pretende no tener margen de error y ser claro en su expresar.

Todo lo anterior con el objeto de que usted, amable lector, pueda ampliar su cosmovisión filosófica o pensamiento complejo y mirar aquellos lugares donde la humanidad está desarrollando redes de conocimiento en niveles no contemplados con antelación; no se trata de una sentencia condenatoria a los filósofos metafísicos del pasado, pues en sus tiempos, el Ser se limitaba a las realidades existentes o que podían comprender.

Para llegar al punto detonante de este texto, es importante que reconozca los siguientes términos (clásicos): la Res extensa o ente corpóreo (cosa física), la Res cogitans o ente de razón (la cosa que se piensa o se percibe por los procesos lógicos mentales) y la res infinita (que se puede atribuir a la idea o substancia de Dios); esa es la escuela que nos deja la época clásica y moderna de la filosofía racional, tras haber llegado a la mayoría de edad (como lo enunciaba Kant).

Sin embargo, nos encontramos ante la gestación de elementos, tanto substanciales como de interacción con la humanidad, es decir, una teoría referente a la filosofía de la tecnología y su entorno con la humanidad. De esta relación híbrida del hombre con la tecnología y sus avances, se contempla la coexistencia con “nuevas entidades”, las cuales serán motivo de estudio en tiempos venideros o actuales, según sea la linea de investigación.

Primero ubiquemos que el hombre (especie), tiene la facultad de apropiarse del concepto de “extención del cuerpo”, como lo mencionó en 2015 Laura Ruiz en “ Cuales son las extremidaddes del cuerpo” y se toma el concepto antes mencionado, no obstante, no es origen del fenómeno en sí, sino que, este se acuña en el momento que el homo ergaster se hace consciente de su ser ergido y libera las extremidades superiores, permitiéndose entrar en contacto con objetos ajenos a su ser y en tal grado los hará parte de sí en su proceso mecánico y neuro-motríz.

Miles de años después, el hombre va entrando en contacto con toda una serie de elementos que los apropia de manera consciente, a primer instancia, y al pasar el tiempo, lo fusiona con su inconsciencia funcional, obteniendo la extención del cuerpo en objetos mecánicos o tecnológicos.

Es allí donde aparece la relación (que dejaré el adjetivo a su criterio, si es alienante o edificante) del sujeto-objeto, como extención del cuerpo tecnológico, es decir, el hombre que se proyecta en la totalidad del mundo. (por medio de una conexión digital y un dispositvo tecnológico) De esa relación simbiótica es donde nace el “res digitalis o ente digital o la cosa digital”, la cual, está orientada a aquello que es consecuencia de la interacción del hombre con la tecnología.

Ubique primero que al entrar en el contacto con el objeto físico o hardware de los dispositivos tecnológicos, ya se establecen lazos con la res extensa / ente corpóreo, misma que funciona como portal de encuentro con el otro, como extensión del cuerpo y agente dialógico, mismo que puede ser propenso a la alienación tecnológica o partidario de la brecha digital, punto de partida para otro tema a dialogar.

El proceso cognitivo, de precondicionamiento (estímulo-respuesta), nos manifesta a la res cogitans o ente de razon, es decir, a partir de este elemento se podrán realizar los procesos mentales de manera voluntaria o involuntaria, desde la programación base y los desarrollos algorítmicos propuestos por la inteligencia artificial.

A partir de este punto, es importante enfocarse en el software, que técnicamente es el conjunto de instrucciones que emulan una tarea, esta depende de un sistema compilador ejecutor y un host, resultando una entidad lingüístico-matemática, la cual es un ente de razón, manifiesto electrónica y gráficamente, punto de referencia para entrar en contacto con un estímulo/respuesta con el humano.

Si se cuestiona con la premisa anterior la cualidad ontológica del ser software, no se limita a solo ser un ente de razón. (pues el ens rationalis es aquello que solo puede existir como contenido en los pensamientos y carece de existencia en sí (Carrasco, Selín 2014).

Es allí donde el software ya compilado y ejecutado en un dispositivo, juega un papel diferente a los dos entes estudiados con antelación, la proyección del software solo es una aparente percepción de lo ejecutado binariamente, es una programación orientada a un objeto que pretende emular la idea de que se controla por otro, bajo las instrucciones de un desarrollador.

Este software nos brinda la “sensación” de estar en contacto con el objeto directamente, tanto externo (por su dispositivo físico) como interno por medio de imágenes que son representadas por botones o símbolos genéricos ( encender o apagar, llamar o colgar, iniciar o finalizar, conectar o desconectar, etcétera).

Esa supuesta sensación pone en contacto el ente de razón del hombre con su ente corpóreo, lo proyecta como una extensión de su cuerpo, pues lo enlaza a servidores dispersos en todo el mundo por medio de la web, es allí donde la relación sujeto-objeto gesta el ente digital, una entidad que no está en contacto con el hombre en sí, pero lo hace partícipe desde su extensión del cuerpo hasta los conflictos de ansiedad que están enfermando a la humanidad.

Un ente digital aparenta ser y hacer lo que el hombre “indica”, sin embargo, siempre está sujeto a las limitantes de la programación de un ente desarollador, mismo ente que lo aliena y conecta, lo estimula o deprime.

¿Cómo es posible que una entidad, la cual no está contemplada o comprendida en su totalidad genere tantas variaciones en el ente racional y corporal de el hombre? ¿Acaso los adictos a la pantalla o nomofóbicos, son la siguiente evolución del homo sapiens a homo digitalis? Me es limitante expresarlo en breves lineas, pero me será de agrado recibir sus comentarios.