La mitología está llena de héroes, pero también de heroínas. Mujeres de una carácter recio y distinto que se sacuden las manos opulentas del macho griego.

Entre las diosas hay por lo menos tres con un carácter particular, difícil de enfrentar. Pienso por ejemplo en Artemis la diosa cazadora, Palas Atenea la diosa de la sabiduría o Afrodita la diosa del amor. Cada una de ellas enfrenta el amor de maneras completamente distintas. Las dos primeras son diosas que podríamos denominar vírgenes, mientras que Afrodita… bueno, no es precisamente una representación de virginidad, no por nada cierta productora hace algunos años la honró bautizando un canal de televisión condicionado con la versión latina de su nombre.

Helena
Helena

Hablemos un rato de Artemisa. El carácter de la diosa no es fácil. Y si no me creen hay que preguntarle a Menelao (suena a pastor brasilero), Artemis es la diosa de los vientos, además de la caza y patrona de las parturientas. Esto último porque recordemos que ayudó a nacer a su hermano Apolo del cual es melliza. Cuándo los griegos se disponían a dirigirse a Troya para asediar la ciudad y partirle el trasero al príncipe Alejandro (o Paris como lo conocen en el barrio) y recuperar el botín robado; sí ya se, Helena no es una cosa, pero bueno Menelao la ve así, es una época patriarcal, no nos olvidemos. Helena es la posesión ganada por su hermano Agamenón. Competencia que fue disputada por todos los grandes héroes de la Iliada.

Lo paradójico es que Artemis es una diosa anti-patriarcal, sería una ferviente del feminismo más acérrimo, apoyaría sin tapujos los tetazos y manifestaciones pro-aborto enfrente de las iglesias. Esto lo digo para ilustrar su personalidad. Es una diosa que está en pie de igualdad con los hombres sin querer ser uno de ellos. Adora las actividades que podrían considerarse masculinas en esa época: la caza por ejemplo, la arquería, el tener objetivos, el vivir en el bosque a merced de los elementos. Además de todo lo dicho Artemis hubiera apoyado la sororidad ya que desde muy pequeña, con tan solo 3 años hizo que su padre Zeus le consiguiera un séquito de ninfas para que la acoliten.

Pero si de algo no pudo escapar Artemis es al amor. Aunque solo lo sepamos unos pocos, estuvo enamorada. Sí señor, enamorada de un mortal: Orión. Un día estaban Apolo y Artemis compitiendo sobre quién era mejor en el tiro con el arco, entonces Apolo desafía a Artemisa diciéndole que allá a lo lejos, mar adentro, hay un tronco flotando: «hermanita a que no le embocas al tronquito». ¡Un copado Apolo! El tema es que lo que flotaba no era ni un tronco, ni una madera, el que estaba flotando era Orión que nadaba en el mar. 

La diosa no lo sabía. Artemis que no le gusta que la desafíen y cegada por la afrenta de su hermano menor, tensa su arco y dispara. Sí, ya te imaginaste lo que pasó: le pega justo a la cabeza. Su dolor fue tan grande que una vez muerto Orión, la diosa le dedicó una constelación.

Otra de las diosas vírgenes es Palas Atenea, nacida de la cabeza de Zeus. Una señal del poderío patriarcal. Una forma de decir no necesito una mujer para engendrar.

Hay dos dioses que nacieron de forma extraña del cuerpo del padre olímpico, una fue Atenea y el otro fue Dioniso que nació del muslo. Ya hablaremos del dios del «vino y la joda».

Volviendo a Atenea su madre Metis (diosa de la prudencia) es devorada por Zeus y cómo estaba embarazada, y los dioses no mueren, se gestó en su cabeza la niña Atenea. Este embarazo «ectópico» que el dios tuvo produjo un gran hinchazón en su frente. Fue tal el dolor de cabeza que tenía Zeus que le solicitó, rogó, imploró a Hefesto que lo ayudara. 

Hefesto ni corto ni perezoso le pegó un hachazo que le partí el cráneo, que digo, le hizo una cesárea en la cabeza. Del corte nació Atenea vestida de guerrera completamente desarrollada y armada, dando un grito de guerra. Atenea viste como un guerreo griego. Y como nació de la cabeza del sabio dios es representa la sabiduría, la cultura, la civilización y al ser una diosa guerrera lo hace desde un lugar de inteligencia y estrategia. 

A diferencia de su hermano Ares que es bastante calentón y arrebatado Atenea es ingeniosa, prudente; estratega en pocas palabras. Atenea es la encargada de apoyar a los dioses griegos en la arremetida contra Troya. No nos olvidemos que en la disputa que se armó de la Manzana de Oro a la más bella, Atenea era una de las tres diosas que estaban deseosas de que le den la manzanita. En un rato volvemos sobre el tema de la fruta. La cuestión es que Atenea se va del brazo con Hera, la celosa esposa de Zeus, a tramar el «despelote» que se arma después en la ciudad de Troya por el rapto de Helenita.

La segunda de las diosas que se sacuden la forma habitual del macho griego es Afrodita. Afrodita es la diosa del amor, el deseo, el sexo. Nacida de la espuma, es lo que quiere decir su nombre. Cuando Cronos corta los genitales de Urano tomados con su mano siniestra los arroja como dice Hesíodo «a su ventura por detrás» como quien tira una cascara de banana. El poeta dice que del miembro cercenado surgía una espuma y en medio de ella nació una bella doncella. ¡Qué linda imagen! Nacida de la espuma de los genitales cortados de Urano. Le presentas a mamá a la hermosa doncella de los genitales cercenados de su padre… un amor. 

La diosa del amor nace de los restos de un acto violento. Afrodita tiene un par de apodos el primero y el más dulce es Citera que significa de bella corona; a mi el que me gusta es el otro: Filomedea, la verdad que no se si es un apodo o un sutil insulto. En griego philos significa amigo, amado, aficionado a, que gusta de; y medea genitales: sí, el apodo significa «aficionada a los genitales», «amante de los genitales», «que gusta de los genitales». Una forma filosóficamente culta de decirle «cómo te gusta la …» (completá la frase como te guste)

Una vez salida de la espuma es recibida por dos dioses: Eros, que en este mito no es su hijo y, el bello Himero que la acompañan al monte Olimpo a presentarla a los dioses que la miran con ganas. Afrodita sería hija de Urano y como tal sería una especie de tía de Zeus. Otras mitologías la hacen hija de Zeus y Dione. El hecho de que venga del mar alude al hecho de que su culto viene del mismo Mediterraneo, desde oriente.

En fin, la cuestión es que Afrodita, la diosa que gusta de los genitales, es una diosa de sexo libre, a diferencia de Hera, Perséfone o Demeter que fueron diosas forzadas sexualmente por el macho. Afrodita es la diosa que elige a sus parejas sexuales, y de hecho se da el gusto de casarse con el más feo y deforme de los dioses: Hefesto, dios de la forja; también se dio el lujo de ponerle los cuernos con Ares el dios de la guerra. Afrodita también se enamora de un mortal: Adonis. Ya hablaremos de este amor en disputa entre Perséfone y Afrodita pero en otro momento.

En resumen Artemis es una diosa anti-patriarcal mientras que Atenea es una diosa que aboga por el patriarcado. Afrodita goza de ambos bandos según le conviene. Se siente muy mujer y femenina pero su deseo y la forma en la que lo canaliza podríamos verlo como más bien masculino.

Pero quiero volver a Artemis. Ella se aleja de los hombres y vive con mujeres, se convierte en una precursora de las amazonas, de esas mujeres que se quitaban un pecho (lo que significa amazona) para poder calzar mejor el arco, y se deshacían de los hombres. Su incidente con Orion representa para mi al amor que se interpone entre una Artemis y un objetivo. Muchas mujeres está dispuestas a sacrificar el amor para lograr un objetivo profesional. Son mujeres que saben lo que quieren pero muchas pueden parecer frías e insensibles como Artemis. Recordemos que le pidió a Agamenón que sacrificase a su hija Ifigenia en el puerto de Aulis para cesen los vientos y logren zarpar.

Me viene a la mente en este momento la historia de Atalanta. Ella es una mortal, una mujer cazadora cuya velocidad al correr no se comparaba con ninguna otra. Como era costumbre de muchos pueblos griegos cuando nace una niña, nuestra heroína fue abandonada en una montaña, quizás con el fin de que la intemperie y los elementos se encarguen de su muerte. Tuvo la suerte de ser amamantada por una osa. Cómo es propio de los héroes, un aspecto que comparten es la orfandad. Los héroes suelen ser huérfanos de uno o ambos padres (no importa si hablamos de Súperman, Spiderman, Batman, Paris, Edipo o Atalanta, todos comparten la ausencia de padres sea por muerte o por abandono).

Con el tiempo creció y se hizo una hermosa mujer, hábil cazadora y muy veloz. Luego se enamoró de un joven cazador de iguales aptitudes, Meleagro con quien compartían aficiones. Juntos se dirigen a cazar el Jabalí de Calidonia. Meleagro logra matar al Jabalí pero comparte la gloria con su compañera. Al tiempo Meleagro muere en los brazos de Atalanta. Al igual que su diosa protectora Artemisa tiene un amor truncado por la muerte.

Los pretendientes no se hicieron esperar. Atalanta es hermosa, hábil, inteligente, una diosa con el arco, pero su mayor habilidad es su velocidad en carrera. Con lo cual aceptando la costumbre de competir por los trofeos, en vez de ponerse como trofeo solamente se dispone también como contrincante. Está dispuesta a casarse con quien la venza en una carrera de velocidad. El tema es que el no vencedor no solo perdía la carrera sino también la vida.

Entre los participantes estaba un enamorado de Atalanta, Hipómenes. La amaba de verdad y estaba dispuesto a competir con ella por su amor aun a riesgo de perder la vida. La noche antes se le ocurre una ingeniosa y amorosa idea, invoca a Afrodita. Le ruega por el amor de Atalanta. Con lo cual la diosa le responde con un estratagema. Le da tres manzanas de oro que debe arrojar a su debido tiempo. No es la primera vez que Afrodita interviene por el amor de un hombre a una mujer.

A la mañana siguiente ocurre el encuentro. La carrera comienza y Atalanta como es de esperarse aventaja notablemente a Hipómenes. Haciendo caso de Afrodita arroja la primera manzana. Cómo es de esperarse Atalanta detiene su paso para recogerla y cuando lo hace se ve reflejada en el brillo de la fruta broncínea. Se mira distorsionada por la forma a lo que exclama «así seré cuando sea vieja». Luego sigue la marcha y vuelve a aventajar a su contrincante, el cual vuelve a arrojar la segunda manzana de oro. En ese momento una ráfaga de recuerdos de su vida con Meleagro, su compañero y amante emergen de su corazón. Recuerda y añora el contacto físico, las charlas, los momentos compartidos. Por unos instantes detiene su paso, pero no por mucho tiempo, ya que vuelve a tomar impulso y a aventajar la carrera.

El encuentro de velocidad esta llegando a su fin, ya casi Atalanta está por ganar una vez más, otro pretendiente muerto en carrera. Llegando a pocos metros de la línea de meta. En ese instante Hipomenes arroja la última de las tres manzanas de oro. Atalanta duda: ¿tomará la manzana o siguirá en carrera? Finalmente se decide y toma la manzana. Finalmente gana Hipómenes con quien Atalanta finalmente se casa.

Nuestra veloz guerrera representa a la mujer que se rebeló contra el papel femenino en la Grecia antigua. Al igual que muchas mujeres, Atalanta, simboliza el espíritu guerrero y amazónico de las que están dispuestas a sacudirse el yugo opresor del macho subyugador. Pero también, representan a las mujeres que sin dejar ser arqueras hábiles en dar en el blanco de sus propios objetivos y veloces en sus respectivas carreras profesionales, en definitiva sin dejar de ser ellas mismas pueden entregarse a un amor que las acompañe sin someter, las ame sin coartar, las desee sin denigrar.

Muchas mujeres hoy sufren raptadas como Perséfone en un hades infernal o que como Hera son víctimas de un esposo que se cree divino, un macho ponedor, un semental, o como Demeter que les hicieron creen que nacieron como receptáculos de vida.

Atalanta es el reflejo de una mujer que está dispuesta a seguir sus instintos. Simboliza a la mujer que con el espíritu de Artemis puede ayudar y empoderar a otras mujeres para que se fortalezcan con ímpetu y se desembaracen de quienes buscan acorralarlas bajo las tinieblas de la desvalorización; pero que con el espíritu de Afrodita puede entregarse a su amor propio e incondicional, amandose primero a sí mismas, para luego darse el permiso de sentirse amada por alguien, que como Hipomenes, esté dispuesto a correr a su lado.